Por: Dra. Marcia Gomezcoello
Vivimos en la era del “tiempo corto”, un momento en el que todo se consume rápido como videos de 15 segundos, noticias resumidas, tutoriales que van directo al punto y canciones creadas para enganchar desde el primer segundo. Esta revolución del contenido breve no llegó por casualidad; plataformas como TikTok la aceleraron hasta convertirla en parte de nuestra vida diaria.
Los expertos explican que nuestro cerebro siempre ha buscado recompensas inmediatas, y los videos cortos aprovechan exactamente eso. Cada clip ofrece un pequeño estímulo, algo divertido, sorprendente o curioso. Cuando deslizamos hacia el siguiente video, el cerebro repite el ciclo. Ese ritmo constante de novedades nos mantiene atentos.
Esto ha cambiado nuestra forma de concentrarnos. Ahora nos cuesta más mantener la atención en tareas largas, y preferimos información directa y visual. Incluso las noticias y la educación están adaptándose, muchos profesores usan videos cortos para explicar temas complejos, y los medios compiten por captar la atención en pocos segundos.
Pero no todo es negativo. La era del tiempo corto también ha democratizado la creatividad. Cualquier persona puede contar una historia, enseñar, cocinar, bailar o denunciar un problema social sin equipos costosos ni largos procesos de producción. Millones han encontrado una voz y una comunidad gracias a este formato.
El reto está en equilibrar nuestras vidas, los videos cortos pueden inspirar, informar y divertir, pero también debemos dar espacio a la reflexión y a las ideas que necesitan tiempo para madurar. En un mundo que corre, aprender a pausar es una forma de resistencia, maduración, raciocinio y darnos cuenta de lo que realmente pasa a nuestro alrededor.
Tengamos mucho cuidado y conciencia con este tipo de vídeos debido a la adicción que producen y a ese tiempo tan valioso que nos hace perder.
