“Mis perros son mis hijos”, dice Salomé Barahona, quien adoptó a Mimi, una perrita con problemas de salud, durante el paro de octubre de 2019. En medio de una crisis emocional, encontró en ella un soporte vital. Hoy convive con dos perros, ambos con condiciones especiales, y destina cerca de 150 dólares mensuales a su cuidado.  “No reemplazan a un hijo humano, pero sí representan una nueva forma de familia”, dice, reconociendo que por razones biológicas no puede concebir.

Salomé vive en un edificio pet-friendly y ha integrado a sus perros en su rutina laboral: la acompañan a su estudio de pilates. Aunque ha tenido roces con vecinos y vendedores ambulantes destaca que Quito ha avanzado en ordenanzas de tenencia responsable. Sin embargo, denuncia que la aplicación de justicia aún es lenta. Tras una mala praxis en una peluquería que lesionó a Mimi, ha enfrentado un proceso legal de más de un año, con intervención de la Unidad de Bienestar Animal (UBA).

Daniela Barona adoptó a una perrita hace cuatro años, pero reconoce que la adopción fue impulsiva, por lo que aprendió sobre la marcha. Fue un trabajo duro educarla, pero ahora no tiene problemas. No se hace pipí adentro. Su perrita resultó más grande de lo esperaba y tuvo que adaptar la rutina y el espacio. También subraya la responsabilidad cotidiana: “Recojo siempre sus excrementos. Antes de tener mascota me molestaba ver la ciudad sucia. Ahora me parece una falta de respeto no hacerlo.” Daniela evita centros comerciales para que no se estrese; prefiere parques abiertos y sitios donde pueda socializar sin agobios, como el parque Metropolitano.

Así como Salomé y Daniela, cada vez hay más quiteños que reorganizan su vida, su espacio y sus afectos en torno a sus animales. Pero mientras el distrito metropolitano se llena de mascotas, las normas, la infraestructura y la educación ciudadana avanzan a otro ritmo.

El arquitecto Esteban Najas advierte que el crecimiento de la tenencia de mascotas en Quito responde a una transformación en la estructura familiar y urbana. La baja natalidad, el encarecimiento de la vida y la reducción del tamaño de las viviendas han convertido a los animales de compañía en miembros centrales de los hogares. Sin embargo, la ciudad aún no está preparada para responder a esta nueva realidad.

Aunque se estima que existen 1,7 millones de perros y más 263 mil gatos, no hay un censo nacional oficial de mascotas. La ordenanza municipal 052 de 2023 creó el Registro Metropolitano de Fauna Urbana (Remetfu), obligatorio desde 2024, pero su implementación ha sido mínima: apenas 321 animales y 215 tutores registrados. Najas considera que hace falta contar con más datos para tener mejor planificación.

Uno de los grandes vacíos-enfatiza- es la ausencia de un manual técnico nacional que establezca estándares mínimos para áreas caninas en parques y espacios públicos. Elementos como zonas cerradas, bebederos, drenajes, sombra, señalización y limpieza deberían ser obligatorios.

La ley de propiedad horizontal tampoco ha sido adaptada a esta nueva dinámica. Najas señala que los reglamentos internos de edificios deberían contemplar aspectos como el tamaño de los animales, el ruido, los olores y las zonas de higiene. Sin estas regulaciones, la convivencia se vuelve caótica.

🧠 La psicología y los vínculos emocionales
La psicóloga Cristina Cordovez explica, los perros ofrecen seguridad y afecto incondicional, especialmente en momentos de duelo o separación familiar. En niños, por ejemplo, ayudan a canalizar el amor retenido tras un divorcio, convirtiéndose en un refugio emocional. En adultos mayores, los gatos suelen ser preferidos. Son independientes, respetan el espacio personal y requieren menos atención.

Para muchos jóvenes, un animal es una forma de expresar independencia o compromiso. “Hoy no quiero tener hijos, pero puedo cuidar a un perrito o un gatito”, señala. En algunos casos, la mascota se convierte en el primer “fruto” de una relación, como parte de la construcción de un hogar.

Sin embargo, advierte sobre los riesgos de humanizar excesivamente a los animales. Tratar a las mascotas como bebés -con cochecitos, cunas- puede reflejar heridas emocionales no resueltas. “Hay personas que consideran que los animales son más buenos que los humanos”, dice. Esta idealización puede llevar a que los animales sean más valorados que personas vulnerables, como niños abandonados o adultos mayores en situación de calle.

💉 La visión sanitaria: bienestar y riesgos
El veterinario Diego Luna señala que tratar a los animales como humanos o alimentarlos en la boca puede alterar su comportamiento natural y afectar su movilidad. Los perros caminan en cuatro patas, no deben ser tratados como bebés, afirma, subrayando que la humanización puede ser una forma de maltrato. Además, vivir con mascotas en departamentos o patios pequeños sin condiciones adecuadas puede generar problemas sanitarios. Luna advierte sobre enfermedades zoonóticas como la leptospirosis, que se transmite por la orina de animales infectados, así como hongos en la piel y parásitos que pueden afectar gravemente a los humanos si no se mantiene una higiene estricta.

La ordenanza municipal exige espacio vital, paseos diarios, uso de correa y bozal para razas grandes o potencialmente agresivas, y la recolección de desechos en vía pública. “No se puede tener un perro encerrado en 5 m². Necesita caminar, socializar y vivir con dignidad”, afirma.

Los datos detrás de esta tendencia nacional
El Censo Poblacional del 2022 registró 2 014 575 niños y niñas que viven con perros o gatos.
Un total 1 326 537 hogares ecuatorianos con menores de 12 años tenían perros o gatos.
Solo el 32,3% de los hogares censados no tenían mascotas.
En Pichincha había 1 316 279 perros y gatos y en Quito 1 082 641 perros y gatos, frente a
700 591 niños y adolescentes. Es decir, hay más mascotas que menores de edad.
Los mileniales, la generación Z y los adultos mayores son los que más buscan apoyo emocional y compañía en las mascotas. El Ministerio de Salud Pública emite certificados.
🐱 Una conciencia animalista real
El activista y empresario Stalin Males, fundador de espacios dedicados al bienestar felino, sostiene que Quito no tiene conciencia animalista real. Adoptar un gato implica evaluar si se cuenta realmente con la estabilidad emocional, económica y física para integrarlo como miembro de la familia.

Según Males, el 90% de los ciudadanos no conoce la ordenanza municipal sobre tenencia responsable. Critica que las leyes se elaboran sin consultar a actores clave como veterinarios, educadores, tiendas especializadas o universidades. Por ejemplo, en casos de maltrato animal-insiste- en que la ley exige que el denunciante revele su identidad, lo que puede generar represalias y conflictos personales.

Propone una reforma profunda que proteja a los animales como a los ciudadanos que los defienden. Incluya campañas educativas en colegios, control de precios y calidad de productos veterinarios y regulación ética del sector. “El mercado está abandonado y los tutores desprotegidos”, advierte.

🐾 El negocio pet friendly en Quito: entre amor y oportunidad
Marjorie Pabón, fundadora de Doggi’es Bakery & Pet Home, observa que el mercado crece al ritmo de los cambios culturales. “Los dueños ya no ven a sus perros como mascotas, sino como hijos. Algunos vienen con lunch, protector solar e incluso gafas para el sol”, cuenta. Su negocio nació como pastelería canina y hoy es guardería integral con peluquería y atención veterinaria. “Muchos perros lloraban o dañaban muebles por quedarse solos. Ahora tienen espacios donde socializan y liberan energía”.

El crecimiento no es casual: según Caminos Digitales Research, el mercado ecuatoriano de alimentos y servicios para mascotas alcanzará 59,5 millones de dólares en 2025 y 72,2 millones de dólares en 2030, con una tasa anual de crecimiento del 3,89 %.

“El mercado sigue creciendo porque refleja nuevas formas de familia”, resume Pabón. Pero también plantea nuevos desafíos de convivencia, sobre todo en sitios públicos, como cafeterías, restaurantes. Hoy sus dueños, muchas veces, no quieren perder clientes, pero saben que también hay riesgos que manejar.

🧩 Claves para entender a Quito con mascotas
El amor por las mascotas crece más rápido que la capacidad de Quito para planificar espacios y convivencia.
Parques y edificios carecen de estándares básicos y normas claras para el bienestar animal y vecinal.
Las leyes existen, pero su aplicación es mínima por falta de recursos y coordinación institucional.
Falta conocer más sobre los deberes legales y sanitarios de una tenencia responsable.
La humanización excesiva de animales genera dependencia y conflictos, refleja vacíos emocionales y educativos.
El mercado pet friendly se expande sin mayores controles ni certificaciones. Esto garantiza seguridad.
Veterinarios, activistas y expertos siguen fuera del debate sobre políticas públicas.
La falta de datos oficiales impide planificar de manera realista y medir el impacto del fenómeno.
Las mascotas ya son parte de la vida urbana: el reto es acompañar el cambio con empatía y responsabilidad.

🔍 Lo que falta por hacer en Quito con mascotas
Continuar con el Remetfu con incentivos, registros digitales y campañas de inscripción.
Diseñar un manual urbano pet friendly con estándares mínimos para parques y condominios.
Integrar educación sobre tenencia responsable en colegios y universidades.
Reformar la ley de propiedad horizontal para contemplar convivencia con animales.
Proteger a los denunciantes de maltrato y sancionar con transparencia.
Impulsar una conciencia colectiva, donde cuidar a una mascota sea parte de la ciudadanía responsable, no una moda.

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