En una final que rozó el escándalo, con amenaza de abandono por parte de Senegal por un penalti señalado a favor de Marruecos en el añadido antes de la prórroga, el atacante del Villarreal Pape Gueye coronó a su selección con su segunda Copa de África en un partido que dejó marcado a Brahim Díaz.

El jugador del Real Madrid pudo erigirse en héroe, pero se condenó con un lanzamiento de penalti fallido, ejecutado a lo “Panenka”.

Fue el tiro que pudo dar el título a Marruecos. En una de las últimas acciones de la final, sin capacidad de reacción casi para los visitantes. Un penalti que lo enredó todo. Que lo reclamó Brahim, que lo concedió el árbitro y el VAR y que el jugador del Real Madrid lo desperdició. De héroe a villano. Un error decisivo que pudo proclamar campeón a Marruecos y que al final resucitó a Senegal.

El delantero marroquí Brahim Díaz besa el balón antes de un penalti durante la final de la Copa Africana de Naciones entre Senegal y Marruecos el 18 de enero de 2026.
Brahim Díaz patea el balón y falla un penalti durante la final de la Copa Africana de Naciones.

Ejecutó un tiro suave y centrado que agarró sin problemas Edouard Mendy. El partido, que bordeó el escándalo, se sosegó. Supuso una condena para Brahim, que de ser el máximo goleador en la competición se quedó con la imagen de la frustración de todo el país que había depositado toda su ilusión en este torneo que organizó.

Después, Senegal no desperdició su ocasión y al inicio de los treinta minutos extra Pape Gueye recibió el balón de Idrissa Gueye y su zapatazo superó a Bono, impecable hasta ese momento. No desaprovechó el conjunto senegalés la ocasión para amarrar el segundo trofeo continental de su historia y alargar el maleficio de más de medio siglo de su rival.

Todo cambió en el partido con el agarrón que reclamó con insistencia Brahim Diaz de El Hadji Malick Diouf en el minuto 100 y que llevó al árbitro a verlo en el VAR, que le convenció.

La jugada desencadenó un final embarullado y polémico que llevó a Senegal a amenazar con abandonar el partido antes del final. El seleccionador senegalés Pape Thiaw incitó a sus futbolistas a abandonar el terreno de juego. Todos los futbolistas menos Sadio Mane se marcharon al vestuario como protesta mientras Marruecos y el árbitro permanecieron en el campo. Los jugadores visitantes volvieron y Brahim tomó la responsabilidad de lanzar la pena máxima.

Personal de seguridad bloquea a hinchas indignados por un penalti contra Senegal.

Minutos antes, el árbitro anuló por falta en ataque un gol a Senegal. Marcó Abdolaye Seck, pero el tanto fue anulado por una falta previa de Abdoulaye Sack sobre Achraf.

El error sosegó la batalla en el césped en un duelo marcado por el miedo a perder. El partido empezó bullicioso, con idas y vueltas, y acabó plagado de interrupciones y con un ritmo lento. Más de precaución que de atrevimiento en las dos mejores selecciones de África que marcaron su trayecto por el torneo sostenidas por sólidas defensas.

La osadía inicial de Senegal, durante la primera parte, careció de premio. Los mejores minutos del conjunto de Pape Thiaw fueron taponados por Bono. El actual meta del Al Hilal, antes en el Sevilla, ya fue decisivo en la semifinal contra Camerún, resuelta en los penaltis. Esta vez, ante la desaparición de Brahim Díaz, de Achraf Hakimi y de Abde, referentes del equipo local, fue el portero el que sostuvo a Marruecos.

Primero, pronto, a los seis minutos, en un córner que botó Lamine Camara y que la zaga midió mal. Llegó al segundo palo y Pape Gueye, el atacante del Villarreal, remató. Apareció Bono de la nada para evitar que la pelota traspasara la línea.

El delantero número 10 de Senegal, Sadio Mané, sostiene el trofeo mientras celebra con sus compañeros tras ganar la final de la Copa Africana de Naciones.

Senegal taponó bien las bandas de su rival. La fuerza marroquí estaba ahí, pero tardó en encontrar vías de acceso por fuera.

El gol rondó la meta de Marruecos otra vez. Y Bono se agigantó de nuevo en un mano a mano después de que Ilman Ndiaye recibiera un medido y preciso pase de Nicolas Jackson y lo terminara, en solitario, con un tiro raso que sacó el portero con un pie.

Le vino bien el descanso al combinado de Waild Regraghi, que dio la sensación de estar excesivamente presionado, de acusar su condición de anfitrión y la sequía de cincuenta sin ser campeón africano.

Senegaleses celebran en una zona de aficionados en la Plaza del Obelisco de Dakar el 18 de enero de 2026 tras la victoria de Senegal en la final de la Copa Africana de Naciones entre Senegal y Marruecos, disputada en Rabat, Marruecos.

Una gran jugada de Bilal El Khannous por la derecha terminó con un centro al corazón del área, donde apareció Ayoun El Kaabi, que con toda la portería a disposición y solo ante el meta disparó fuera, rizando un palo.

Una interrupción pasada la hora de juego terminó por apagar el partido. Un golpe cabeza con cabeza entre Neil El Aynaoui y Hadji Malick Diouf que necesitó de la atención médica dejó el choque estancado más de diez minutos. El partido lo acusó. Solo en el tramo final, en el añadido, recuperó la ida y vuelta. Bono volvió a aparecer y después Abde lanzó alto, encima del larguero.

Después llegó todo lo demás, el penalti, la amenaza de retirada de Senegal, el error de Brahim y el gol de Pape Gueye que coronó a su selección y frustró a todo un país, Marruecos.

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