Ecuador vive una nueva temporada de lluvias con emergencias en casi todo el territorio. Inundaciones en la Costa, deslizamientos en la Sierra, ríos desbordados y miles de personas afectadas marcan el invierno de 2026.

Los datos oficiales muestran que no se trata de hechos aislados, sino de un patrón que se repite cada año y que este año se intensifica por factores climáticos y territoriales acumulados.

Ecuador registra casi mil emergencias por lluvias en 2026
La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) reporta 987 eventos adversos entre el 1 de enero y las 17:00 del 24 de febrero de 2026.

El informe oficial detalla 11 678 personas impactadas, tres fallecidas, 12 heridas, 2 914 viviendas afectadas y 38 destruidas. También constan 15,36 kilómetros de vías afectadas, ocho puentes con daños y nueve destruidos.

El reporte indica 12 ríos desbordados y 21 con tendencia a subir de nivel. Febrero concentra el 71,53% de los eventos y el 89,96% de las personas impactadas en lo que va del año.

El COE Nacional se encuentra activo y varias provincias permanecen en alerta roja y naranja.

Este escenario refleja un invierno de alta intensidad, con predominio de deslizamientos e inundaciones.

La temporada lluviosa no es excepcional sino estructural
David Benavides, experto en Gestión de Riesgos y docente universitario, sostiene que el invierno en Ecuador no constituye un fenómeno extraordinario.

Explica que el país tiene alta exposición a amenazas hidrometeorológicas por su ubicación ecuatorial, la influencia del océano Pacífico y el fenómeno El Niño–Oscilación del Sur.

Según Benavides, el desastre no depende solo de la lluvia. Señala que el riesgo surge de la interacción entre amenaza y vulnerabilidad social.

En Ecuador, esa vulnerabilidad se relaciona con desigualdad territorial, ocupación informal del suelo y falta de planificación.

Los datos históricos refuerzan su planteamiento. En 2025 el país registró 2 947 eventos adversos y alrededor de 182 000 personas afectadas. En 2024 hubo impacto en 23 provincias.

En 2023 un deslizamiento en Alausí dejó víctimas mortales. Para el experto, el país vive un desastre recurrente, no excepcional.

Por qué la Costa se inunda cada invierno
Benavides explica que la Costa ecuatoriana se asienta en planicies aluviales bajas con alta sedimentación.

El incremento de temperatura del Pacífico eleva los caudales y aumenta la intensidad de las lluvias entre enero y abril.

A estos factores físicos se suma la ocupación de humedales, esteros y zonas de drenaje natural. Ciudades como Guayaquil, Babahoyo, Durán y Esmeraldas concentran asentamientos en áreas inundables.

La expansión urbana reduce la capacidad natural de absorción del agua y amplifica las pérdidas agrícolas y urbanas, según el experto.

El docente vincula esta situación con lo que la ecología política denomina territorialidades desiguales: los sectores vulnerables se ubican en zonas de mayor riesgo.

Por qué la Sierra sufre deslizamientos recurrentes
En la región andina, el relieve abrupto y los suelos volcánicos generan alta inestabilidad. Benavides explica que los andisoles absorben agua con rapidez y colapsan cuando se saturan.

Cristopher Velasco, también experto en Gestión de Riesgos, señala que muchas ciudades se ubican en laderas intervenidas y quebradas.

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Añade que la deforestación y la expansión urbana eliminan la cobertura vegetal que regula el ciclo del agua.

Velasco afirma que cada invierno repite el mismo patrón: lluvias intensas, escorrentía superficial y movimientos en masa que bloquean carreteras y afectan infraestructura estratégica.

Cambio climático y calentamiento del mar intensifican el invierno
Velasco advierte que el incremento de temperatura del mar, asociado al Niño costero y al cambio climático, eleva la evaporación y la carga de humedad atmosférica. Ese proceso produce lluvias más intensas.

El experto sostiene que la variabilidad climática no se limita a olas de calor. También se manifiesta en inviernos más severos.

Señala que muchas obras hidráulicas se diseñaron con parámetros de lluvia que ya no corresponden a la realidad actual.

Según su criterio, cunetas, colectores y cajones pluviales resultan insuficientes cuando la intensidad de las precipitaciones supera los cálculos originales.

Qué debe hacer Ecuador para reducir el riesgo
Benavides y Velasco coinciden en que la respuesta no puede centrarse solo en la emergencia. Proponen vincular el ordenamiento territorial con la gestión del riesgo.

Entre las medidas plantean:

Declarar no urbanizables las planicies aluviales y laderas inestables.
Recuperar humedales y manglares.
Reforestar cuencas hidrográficas.
Fortalecer sistemas de alerta temprana.
Implementar mantenimiento preventivo de drenajes y quebradas.
Desarrollar planes de reubicación en zonas de alto riesgo.
Los expertos sostienen que Ecuador enfrenta un problema estructural. La lluvia activa el riesgo, pero la vulnerabilidad territorial lo convierte en emergencia.

El invierno de 2026 confirma una tendencia: sin planificación, restauración ecológica y control de la expansión urbana, cada temporada lluviosa repetirá el mismo escenario con mayor intensidad.

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